junio 08, 2009

El baúl de los recuerdos.


El sábado antepasado murió una amiga mia.
La dejé de ver dado que cambié de centro de trabajo.
Le guardo un cariño muy especial, porque la conocí cuando iniciaba con mis prácticas profesionales, a pesar de que ella era ya una señora casada y con hijos, nunca la ví como tal, puesto que tengo un hermano que la igualaba en edad.
En ese entonces yo tenía 18 añitos y a pesar de que el ambiente laboral en el que escogí desarrollarme suele ser muy pesado, con ella siempre me sentí cobijada y protegida.
Era una de las tantas secretarias que había en la oficina y creo yo, la más amable y noble que he conocido.
Era una tipaza.
Recuerdo que junto con otro compañero de trabajo, a sabiendas de que yo no obtenía retribución alguna por mis servicios como practicante, y con todo de que ellos no ganaban un dineral, solían comprarme o convidarme de sus tacos y tenerme una coca segura.
Como el esposo de mi amiga trabajaba todo el día, ella nos invitaba a platicar y beber alcoholes en su casa, o simplemente nos poníamos de acuerdo al salir del trabajo y nos íbamos a cervecear a un Das Bier House.
Cuando por fin me llegó la oportunidad de una plaza, ellos fueron los más emocionados y contentos, pero también los más tristes, ya que tenía que partir hacia otra área.
Me desearon lo mejor y aunque tardé un poco en subir de puesto, llegaron esos días tan esperados.
Por azares del destino o sinceramente, porque uno nunca se da la oportunidad, aunque sabía de ella y constantemente nos mándabamos saludar, nunca volvimos a reunirnos y siempre me dejaba de recado: -Dile a la pelos que haber cuando se me hace cortar una flor de su jardín. Ello en clara referencia a que yo la invitara, a sabiendas de antemano que ya gozaba de un mejor puesto.
Y no es que nunca haya querido, bien saben los que me conocen que yo lo que menos tengo es ser coda, pero nunca se dio la ocasión.
Cuando cayó enferma la visité al hospital, estaba algo grave, pero recibió tratamiento y se pudo mantener durante cinco años; el año pasado la visité en su casa y me decía estar muy deprimida, pues el doctor le había dicho que su fin llegaría cualquier día, que estuviera preparada.
El jueves de la semana antepasada nuestro amigo en común me avisó que se encontraba en terapia intensiva; no quise visitarla porque sé que solo dejan estar cuando mucho cinco minutos con ese tipo de pacientes, tiempo que es aprovechado por los familiares más cercanos.
El sábado cuando salía de la maestría mi amigo me mandó un mensaje avísandome que recién había fallecido.
Por la noche la ví en su ataúd, parecía dormida y no pude hacer otra cosa más que llorar y llorar.
Mientras que estuve en el velorio, todo el tiempo resonaban en mi cabeza aquéllas palabras: -Dile a la pelos que haber cuando se me hace cortar una flor de su jardín.
Paradójicamente, con la situación se me olvidó comprarle flores, nunca se me ocurrió, simplemente no se me vino a la mente.
Luego caí en cuenta que literalmente, la flor de mi jardín, sería aquélla que llevase a su tumba.
El martes de la siguiente semana, me aventé un clavado al baúl de los recuerdos y encontré la única foto que tengo de ella. Lloré otro poco y después caí en cuenta que siempre me he mantenido muy lejana de las personas que quiero, que quizá las personas que quiero no saben cuánto las quiero, porque nunca se los digo y poco se los demuestro.
Y que esa tontería de conducirme así, lo he llamado mecanismo de defensa, para no terminar dañada, como mucho me ha sucedido a lo largo de mi vida, pues las veces que he sentido que más me he entregado sin esperar recibir nada a cambio, son las mismas veces que he terminado con el corazón destrozado.
Es la primera vez que sentí la necesidad de traer una foto al trabajo y pincharla en mi pared, igual que otras de mi familia.
Jamás tuve una foto de nadie. Al tiempo que escribo esto las volteó a ver, y hago un recuento mental de todos aquéllos que han salido de mi vida, particularmente de una forma no muy grata.
Ese no es tu caso por supuesto, aunque físicamente ya no estás, siento que no te has ido: sigues en mi corazón.

6 comentarios:

paztor dijo...

Es chido cuando se hacen buenas amistades en el trabajo, sabes que aunque un dia salgas de jalar ahi, al menos por eso valió la pena. Mi pesame periquillo. Hasta pronto.

Nancy dijo...

Peri el ajetreo de la vida diaria nos aleja muchas veces de las personas que queremos, por eso es bien importante como lo mencionas, decirles cuanto las queremos aunque sea por teléfono o en las contadas ocasiones que tenemos para verlos en persona, se a lo que te refieres cuando dices que a veces una se guarda las cosas para protegerse, pero al final de cuentas el cariño debe expresarse, no importa si los demàs no te lo corresponden de igual modo, como quien dice hay que sacar todo ese cariño del pecho, ya lo que ellos sientan y como actuen con nosotros pues es algo que no está en nuestras manos... Peri al menos pudiste verla en su lecho de enfermedad y bueno, dicen que los verdaderos amigos son los que están en esos momentos tan difíciles contigo... creo que no quedaste en deuda con ella para nada... te mando mi pésame y un gran abrazo :)

Nancy

La flaca dijo...

Mi mas sentido pesame comadre, a veces uno tiene miedo de demostrar el amor o cariño hacia la gente presisamente por miedo al rechazo o a la desventaja pero si se fija aun y no expresandolo hay veces en que uno sale lastimado asi que no se detenga y demuestreles y digales lo que siente por las personas al menos es lo mas sano para uno , no guardarse nada, animo y que este muy bien!

Alexander Strauffon dijo...

Condolencias, periquillo.

Alexander Strauffon dijo...

Ni idea de que ocurra contigo, peri. Espero estes bien, te dejo saludos.

Àngello dijo...

los amigos nunca se van del todo aunque mueran amiga, siempre los llevamos presentes en la memoria.