
Para llegar a la casa de mis padres, saliendo de mi trabajo y transitando por avenida Constitución, subo la lateral al puente Azteca, mejor conocido como avenida las Américas, donde muchas veces al paso, el semáforo se encuentra en rojo; hace unas semanas, en espera del cambio a la luz verde, al inicio de la fila en éste puente, se encontraba un camión con caja refrigerada, le seguía un Cavalier y posteriormente, me encontraba yo, no sé si desalojando los recovecos de mi nariz, escuchando alguna canción o que sé yo; casi al acto de habernos detenido el Cavalier y mi pericomóvil, bajó del primero, una mujer con uniforme de enfermera, a quien la conductora del vehículo le hizo señas hacia el suelo, como de que recogiera algo, rápidamente, la enfermera le pasa el objeto, el cual aprecio, es un triángulo anaranjado de los usados en calles y carreteras, para anunciar el desperfecto de algún automotor; efectuado lo anterior, la enfermera camina cual relámpago con rumbo a la carretera Miguel Alemán, mientras el semáforo seguía en rojo y la conductora del Cavalier, feliz, con su nueva adquisición, en tanto yo en mi pensamiento, reflexionaba sobre la urgencia de la misma por poseer un artefacto de tal tipo, lo cual obviamente, la había inclinado a obtenerlo de la manera descrita; todavía sumida en mis pensamientos y ahora francamente pensando, el nivel de ojeterismo que algunas personas poseen para obtener artículos de primera necesidad, como percibí, lo era el dichoso triángulo para la mujer, con la vista hacia el frente, veo como baja el chofer del camioncito primero de la fila, con una jeta que arrastraba al mismísimo suelo, se enfila con la conductora y de una manera no muy amable, le solicita la devolución del triángulo, explicandole a la vez, que su camión se encontraba tirado y por esa razón el artefacto se encontraba en el suelo, (no para que cualquier rapiña se apoderara del mismo, claro), la mujer, de quien imagino en ese momento contaba con una expresión más que estúpida en su rostro, procede a hacer la devolución de su tesoro, gracias a Dios! el semáforo se pone en verde, le saca la vuelta al camioncito y casi saca su pie por el frente de su automóvil, pretendiendo acelerar a cien, cual Ferrari, en menos de tres segundos.
Como podrán imaginar, yo atacada de la risa y viviendo alegremente la pena ajena, reacciono medianamente e intento recuperar la cordura, cuando el sonido de los claxons comienza a escucharse, le saco la vuelta al camioncito y alcanzó a ver al chofer con una cara de super encabronamiento, tratando de echar a andar el vehículo.
Estuve riéndome por buen rato, pensando lo lista que se había visto la mujer, al encontrarse el dichoso triángulo, en el suelo, detrás de un camión, al subir un puente y viniendo de la circulación de Constitución; la verdad, yo no me había percatado que el camión estaba descompuesto, pero creo, de haber visto el triángulo en el suelo, como lo vio la intrépida conductora, antes de intentar llevárselo, me hubiese dado cuenta del problema; es entonces cuando reflexiono: indudablemente cada cabeza es un mundo y definitivamente en señalamientos de tránsito, cada quien ve y entiende lo que quiere.